Roberto Pettinato pasó por San Luis y brilló en el stand up


  El ex integrante de Sumo y el actual conductor del programa CQC, hace más de dos años que con un estilo irónico presenta su stand up ME QUIERO PORTAR VIEN. Un espectáculo para ver con amigos.

  El stand up es totalmente aleatorio, busca que el público esté constantemente participando. Pettinato sobre el escenario se amplifica, donde la risa es el último fin, y en medio de todo recurso es válido: la ironía, la burla, el cinismo y la grosería son los condimentos que se encuentra dentro del unipersonal de Roberto.

  El nombre del show está inspirado en una frase del hijo menor de Pettinato, y tiene una cuota importante de improvisación y de interacción con el público.

  Antes de salir Roberto al escenario hace una breve participación su hijo Felipe con un show imitando a uno de los artistas más admirados por el mundo, Michael Jackson. Felipe abrió el espectáculo con la coreografía de Billie Jean, donde incluye la caminata lunar y todos los tic del baile.

  Para comenzar habla del avión que lo trajo a la ciudad y de las ridículas exigencias de las aerolíneas y terminar haciendo bromas sobre las distintas situaciones que suceden arriba del avión.

  Sin el filtro de la televisión, Pettinato se muestra totalmente zarpado y desfachatado. Y aprovecha sin limitaciones su mirada "desde adentro" del medio. Por eso brilla en su monólogo sobre las entregas de los Martín Fierro, que se pasea por las distintas miserias de la farándula. Ahí aparecen las "víctimas elegidas" - Mirtha Legrand hasta Guido Kaczca - y personajes casados al azar. Incluso se mente con temas espinosos como las enfermedades y la muerte, y aún así hace reír.

  Roberto Pettinato interactúa con la gente, pero no está encima del público todo el tiempo, no abusa de este recurso. El feedback con los espectadores siempre fluye, y se apoya astutamente en la complicidad que genera la risa.

  Aunque el espectáculo se sostiene bien durante dos horas, el primer segmento, el claramente más improvisado, se impone sobre el segmento del final, en el cual el guión se centró en una desopilante historia de los milagros bíblicos, interrumpida por explícitas referencias sexuales y certeras alusiones a las drogas.

  Aún así, cuando no brilla como en la improvisación, Pettinato consigue imprimir su sello con su histrionismo y su lenguaje gestual, que lo revela finalmente como un gran comediante, más allá de su calidad como monologuista.

  Como frutilla del postre, el conductor también se dio el gusto de tocar el saxo.