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Baglietto y Vitale presentaron “Canciones Inoxidables”



La dupla BAGLIETTO|VITALE presentó CANCIONES INOXIDABLE en una repleta Sala Hugo del Carril, con una visita que no falla en la provincia y que no defrauda a sus fanáticos puntanos. CELEBRIDADES EN SAN LUIS te cuenta cómo estuvo su show, repleto de emociones, canciones y devoluciones de afecto.


Cuando se apagaron las luces -con inusual puntualidad de la asistencia- antes que se corriera el telón sonaron percusiones autóctonas y comenzaron con “D.L.G.” y se vio el arsenal de guitarras acústicas y el set de percusión de Baglietto y la trinchera de teclas y laptops de Vitale, tapados por una hilera de luces que se reflejaban en una gran bola de espejos, entre juegos lumínicos con el humo como cómplice, a veces a contraluz, otras pocas con los reflectores quemando iris hacia las butacas.


Al repasar la lista de temas, algunas de las postales del alma que dispersaron al aire fueron composiciones de artistas de diferentes géneros, desde tangueros como Ástor Piazzolla, Horacio Ferrer, Mariano Mores y Enrique Santos Discépolo, rockeros de Ricardo Mollo a Jorge Fandermole y Fito Páez, enlazados en el talento de esta dupla camaleónica.


Precisamente continuaron con una sección de tango con “Renaceré, Preludio para el Año 3001”, “Naranjo En Flor”, “Uno” y “La Última Curda”.



Al reconocer las estrofas de “Dios y el Diablo en el Taller”, la audiencia explotó con palmas aprobatorias y acompañaron en los coros. Para destacar: el sólo de bajo de Lito y el recurso de Juan Carlos de microfonear su chaleco para golpearlo con las palmas (Vitale no lo deja más golpear la cola del piano). El bajo fue un regalo del incombustible cantautor puntano Eddie Bustos, quien se acercó a saludarlos en el checksound y vio el show en primera fila.


Juan manifestó que eligieron interpretar “canciones que resisten el paso del tiempo, tradicionales metidas en el imaginario de la gente y otras más nuevas como ésta” antes de presentar “Par Mil” de Divididos (que tuvo un pequeño paso de comedia ante una falla técnica en la intro electrónica). Animales de escenarios, cualquier inconveniente lo resuelven con gracia y elegancia.


Para sorpresa de los fanáticos de siempre, hubo varios jóvenes en la sala y alta presencia de músicos locales, cita imperdible para rockeros, jazzistas y folcloristas, tentados por la misma pasión.


No faltaron tampoco los celulares que estorbaban la visión de los que estaban atrás o sonaba algún ringtone endiablado, Hay cosas que no van a cambiar (y algunos insolentes sacaban fotos con flash)


Maestro de los espacios sensoriales, un vital Lito vistió jeans chupines, toppers negras y un gorro de lana, mientras que la inalterable voz del rosarino se destacó en los agudos y creó climas en los graves. Formal, de pantalón y zapatos negros, con chaleco gris.


Después de “Adoquines”, disputaron un duelo instrumental que dio paso a “En Este Barrio” y “El Príncipe del Manicomio”.


Solemne, el cantante recitó en recuerdo a Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, abatidos en aquel repudiable “Junio” de 2002, con golpes -símil latidos de corazón- en su pecho, frente a un público cautivo, hipnotizado de la atmósfera que solo se rompía con aplausos y silbidos efusivos.


Parco por naturaleza, Lito dijo que tocan “tremendas canciones de terribles compositores pero con Juan volvemos a un sitio que nos ofrece libertad para dar un perfil distinto al tango”, previo a otro set temático, con “Como Dos Extraños” y “Garúa”, en la cual una pareja se tomó de las manos sobre el apoyabrazos y miraron juntos hacia adelante, hasta que ella se acomodó en el hombro de su compañero, embelesados con esos fraseos de Juan que hacen arrugar al corazón y hacerle olvidar al pecho que debe soltar el aire.


Ambos son compositores y la musa puede aparecer en cualquier momento, como esa noche, en la que grabaron las palmas de los presentes y las loopearon para “El Témpano”. También se animaron a corear en “Canto Versos”.


Quisieron despedirse pero a los gritos siguieron con bises, de pedidos de temas que no pudieron ser saciados. En “No Olvides Que Una Vez Tú Fuiste Sol” usó el recurso de apuntar con un reflector a los rostros del público. Y “Gricel”.


Sorpresivamente, con el telón cerrado, sonaron melodías que hicieron volver a los fugitivos que tomaron la delantera para irse, porque fuera de lista tocaron “Las Cosas Tienen Movimiento”, que se escuchó de pie, con luces a pleno y sonrisas dibujadas en todos los rostros durante la ovación final.


Y así se fueron Lito y Juan Carlos, esos amigos del alma que se juntan cada tanto para regalar su talento, porque al tocar alegraron al pueblo. Aunque hicieron poca pero efectiva alusión a la actualidad ¿qué más se puede hacer en esta tierra incendiada sino cantar?


Y en eso, ellos son muy buenos.


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