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Bienvenidos a Vorsovia, la conquista sónica de Vorsoto



La quijotada vorsotera llegó a buen destino. Después de meses en la misión artística de reabrir las puertas más rockeras del condado, con sus respectivas horas de práctica, prueba y error en la sala de ensayo, según el concepto “Bajo Tierra”, Vorsoto logró su cometido y presentó Vorsovia, su tercer cd.


Y no fue en una sino dos noches que en las catacumbas rockeras resonaron acordes, la primera jornada con Flavia Calderón Trío y la siguiente con los grupos cordobeses Cristales y Cuatro Al Hilo.


Un cartel indicaba la bienvenida a Vorsovia, aplicado en la arcada antes de bajar por las escaleras que llevaban al frenesí musical. Lejos del descontrol estético y el desgaste lógico que tuvo ese espacio, en la remodelación armaron un living cool para que los invitados se retrataran a mansalva en ese ángulo, en un sillón que fue el más fotografiado de la noche.


La verdad sea dicha: ‘el morbo vende’. Entonces, unos cuantos asistentes viralizaron su regreso al ex Panacea Bar (porque tenían pautada en mente la foto en el mítico recinto, aunque no fue ‘la vuelta’ sino la apertura temporal, que dependerá de otros arreglos) pero esos herejes se convirtieron a la religión del rock, ya que al escuchar a los anfitriones, descubrieron a cuatro bandas en dos sesiones que les hicieron cambiar la perspectiva. Solo en aquellos que no los conocían, porque gran porcentaje se acercó a disfrutar del tracklisting completo de Vorsovia y una selección de los dos discos anteriores, Living y Niño de Groenlandia. Equipos de fotografía y filmación registraron imágenes que serán parte de futuras “canciones apócrifas”.


Sin tanta parafernalia tecnológica en escena, nada de pantallas sólo luces y decoración intimista, se creó un ambiente para que las canciones sonaran frescas y contundentes. Desde las redes sociales, los responsables enviaron indicaciones (sobre su venta de merchandising y el acceso a una barra de bebidas y comidas) y reglamentaciones (no se podía fumar y pedían ‘cuidarnos unos a otros’, sin violencia, ni discriminación ni acosos) para disfrutar en comunidad de una fiesta. Y se alcanzó el objetivo.


En vivo, los violeros y hermanos Estanguet Junior y Puñalada -uno prendido fuego al frente, otro mesurado detrás- flanquearon las cuatro cuerdas de Martín, capitán del barco, quien soportó la tormenta de frente y timoneó siempre para llegar a buen puerto en cada tema. Karina emitió la nota justa desde el pecho, con actitud combativa -pañuelo verde en la muñeca- y precisión en el synth. Mariano apareció como una fuerza de la naturaleza, golpeando fuerte y medido, como una ola que llega a la costa, choca de manera violenta pero deja una marca en la arena. Ariel era la lluvia que acompañaba la furia percusiva del ‘Pela’.


Vasos en mano y con atención, muchos agitaron desde adelante y otros volvieron a sentarse en las legendarias escaleras, que sintieron nuevamente las vibraciones de los parlantes. La ilusión se cumplió. Como lo hubiese querido John Lennon, Vorsoto conquistó el Reino de Vorsovia con guitarras y no con fusiles.