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Diego & León Frenkel en vivo en All Right Bar



El regreso del cantautor DIEGO FRENKEL a All Right Bar lo tuvo como anfitrión de apertura del ciclo de verano que tendrá una agenda cultural cargada de variadas propuestas.


El frontman de La Portuaria y Bel Mondo recaló en la provincia (tenía show la noche siguiente en Merlo) en un formato en el que repasó su repertorio, con guitarra y loopera, y en algunas acompañado por su hijo León.


DIEGO salió de gira y lo acompañaron sus dos hijos. Tras la prueba de sonido, los FRENKEL cenaron al aire libre, en la vereda de la Avenida Illia, saludados por quienes los reconocieron y se animaron a saludarlo o robarle una foto. Diego y León volvieron al bar pero el pequeño Ringo se quedó en el hotel.


La función comenzó con el set acústico del dúo Pablo del Fuego, integrado por los cantantes Pablo Bustos en guitarra acústica y Agustín Ramírez en la eléctrica, quienes desgranaron “canciones propias y prestadas”, como anunciaron al comenzar.


De cosecha personal sonaron Abrázame, En el Aire y Nada, con perfecta dicción y un soporte preciso de la viola eléctrica para que el guitar hero de Nafta de Avión sostenga las partes más intensas. El resto recaló en el carisma de Pablo (cantante de Guernica Funk y el Coro de la UNSL) que intensificó un set que fue de leyendas pop rock como Babasónicos (El Colmo) y Pink Floyd (Wish You Were Here) a novedades actuales de la escena como Martin Buscaglia (Visionarios) y Conociendo Rusia (Loco en el Desierto).


Compañeros de andanzas del dúo local se acercaron al bar, y tras las felicitaciones, esperaron el gran momento de la noche.


Entre aplausos y mesas comedidas, FRENKEL sorteó el camino al escenario y comenzó con Ritmo, una de su última producción solista (su nuevo disco se llama Frenkeltronic y anunció que próximamente podría traer al nuevo formato a la provincia) para mostrar su talento vocal, instrumental desde la guitarra y los usos que pudo darle a la loopera.


“Es un tema de mi primer disco… de long time ago”, bromeó el vocalista, de algunas composiciones del siglo pasado.

Sonó “Nada es Igual” de Devorador de Corazones (discazo del 93 que traía Selva, canción pedida a gritos por un fan enfervorizado pero que al final no sonó) y en algunos cortes pedía regular el sonido o acomodar las luces. “¡Uy! esa luz está frikísima!” se quejó ante un reflector que lo encandilaba de manera intermitente.



Con el salón a medias antes de empezar, la preocupación de Diego terminó al ver cómo los que estaban afuera entraron a escucharlos (a pesar del calor, pero los aires acondicionados rindieron su inversión).


Pocas pero notorias veces, DIEGO pidió silencio. Aunque en las canciones la gente cantaba, el respeto no era el mismo al terminar.


León cantó Sueños, ante las sonrisas y miradas bobas de un padre orgulloso.


Uno de los más festejados fue Imágenes Paganas, de Virus. Hizo una introducción del cover y explicó que lo grabó tres veces en placas diferentes y situaciones distintas.


La canción 10000 Kilómetros de Amor tuvo a un DIEGO enfervorizado sobre su instrumento, con ataques poseídos sobre la guitarra (además de tensar las cuerdas, golpeaba el cuerpo como percusión), lo que fue más una performance que un desmadre sonoro, debido a la acustización precisa de Wanzo Sonidos, que en esta temporada serán responsables de mantener el audio adecuado en el bar. Con la loopera programada en beats que marcaron las palmas, padre e hijo dejaron el escenario entre las mesas, pero ante la insistencia, Diego volvió a realizar un bis (fuera de lista).


El tema en cuestión fue Llévame a lo Hondo, un pop rock de intensidad positiva que dejó a todos entusiasmados por esperarlo DIEGO en su regreso, con Frenkeltronic, una venue distinta pero innovadora.


Sobre la barra o yendo a las mesas, DIEGO firmó cds y su libro “A Través de las Canciones”, y se sacó fotos con sus fans.