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Jóvenes Pordioseros volvió a dar misa para sus fieles puntanos



Desde temprano, las huestes stones locales se dieron cita en Zona Azul para celebrar una nueva misa para ansiosos fieles que querían comulgar del repertorio de JÓVENES PORDIOSEROS, cuatro años después de su último show en la localidad.


Como una sesión live de un karaoke rockero, esa noche cualquiera pudo cantar, como Joe Fernández, Lucas Piriz, el cronista de CSL Polaco’ y hasta la madre de Toti, porque Susana estaba de vacaciones en Potrero de los Funes.


Como el superhéroe que el rock nacional necesitaba, Cristian “Toti” Iglesias salió a tocar con una bandera argentina como capa, la del sol, la que se presenta en el campo de batalla. El muchacho lobo se paseaba con la guitarra, desgastada y baqueteada de tanta gira, pero tantas veces necesitada para hacer sonar clásicos. Comenzaron con una seguidilla propia, “Pánico”, “Lobo” y “Cuando Me Muera”, en la cual lo que empezó con un coro a capella popular terminó en un pogo fogoso. De los homenajes aparecieron “Espadas y Serpientes” de Attaque 77, “Cowboy” (de Ratones Paranoicos) y pegada “Intoxicado”, con un incendiario solo de guitarra de Germán Drago. El rock stone nunca estuvo más vivo. En vivo.


Con invitados, “Funeral” tuvo la voz de Lucas Piriz de La Piedra, la banda telonera y en varias ocasiones sesionista de Toti en incursiones solista por esta localidad. Cerca del final del tema, Cristian golpeó con su frente las teclas de Zorry, aportando sonidos al solo del tecladista. Gustavo Zorry tuvo una remera con la frase ‘I’m Zorry’.


Sorpresa para muchos, el horóscopo nunca anunció que los planetas se alinearon y que Joe Fernández llegaría a cantar en San Luis “Ruta 66” con los Pordioseros. El comediante había actuado pocas horas antes en All Right Bar, con su stand up astrológico “Recargado”, y la banda lo invitó a participar.


‘Polaco’ se atrevió con “Por lo Que Yo Te Quiero” de la Mona Jiménez.

Después metieron la melodía de la canción “Susana”, jugando con el nombre de su madre, que se animó a cantar “Nunca Me Enseñaste”.


Como un predicador, el ecléctico frontman aprovechó una plataforma debajo del escenario que le permitía quedar frente al público en la valla, y se entregaba a las manos que lo buscaban, con los que podía hacer choques de puño y de palmas (hubo uno que le tironeó ‘la capa’ pero Toti evitó caerse) y posar para los celulares.


“¡Salud!” gritó Toti al recibir en su cuerpo las gotas del líquido ámbar que un fan le ofrendó, tirándoselo desde el gentío.


Histriónico y fabulador, Toti comentaba entre canciones, saludaba a sus amigos puntanos, a fans de otras localidades (mediante los trapos ondulantes) y reía ante los gritos. Como un tigre al acecho, caminaba el tablado agazapado para acercarse a quien entonara algún verso de sus canciones, cediendo el mic, mientras Leo Raffa, desde las cuatro cuerdas, aportaba coros.


La gloriosa “LJP” tenía una reunión de consorcio frente a la batería de Lucas Fiorentino, donde se definía la siguiente canción, varias de ellas con extensas zapadas sin perder la esencia. Se sucedieron “100% Pordiosero”, “Descontrolado” y “Mis Dos Mujeres”, y Joe volvió al escenario para cantar “Rock del Pedazo” y al despedirse dijo “esto no es una banda: es una familia”.


Entre la marea humana ondeaban los trapos que Toti leía y el que no tenía, revoleaba su remera. Chicas subidas en hombros con agite fenomenal, y los chicos entusiasmados por poguear.


Seguía el delivery de canciones y a pedido tocaron “Pegado” y “Late”. Sin ganas de irse, el embate llegó con “Ñam fri frufi fali fru” de Los Redondos y una muy punk versión de “¿Y cómo es él?” de José Luis Perales. Toti se despidió con un baño final de fernet, y quedó como un caído en combate tras la batalla del rock eléctrico.